Nuria, El arte de la verdad

Nuria: El arte de la verdad.

 

En América el trópico marca e imprime carácter; el trópico es sorprendente y agresivo, véase García Márquez o el horror de Haití. Nuria Formentí pasó largas temporadas en ese mundo, y se nota en su obra y en sus temas. Desde el principio ya percibimos en sus primeras obras la tensión y emoción de un mundo contradictorio y subyugante. Estaba claro, hace pocos años, que Nuria era una gran promesa del arte español y americano, hoy ya no es promesa sino esplendorosa realidad, se ha impuesto en los circuitos del arte, del arte verdadero y con potencia, y su presencia en Ginebra y en América nos lo ratifica con su habitual fuerza expresiva.

 

Desde el paleolítico la pintura ha trascendido a la vida y al humano para adivinar, o incluso crear, una realidad de la imagen que se impone con fuerza superior a lo que realmente existe. La obra de Nuria se impone y trasforma la realidad del trópico provocando un acercamiento al objeto artístico con vivo deseo de posesión. Sus tonos cálidos de fuerte saturación son el alma amiga que genera ahondamiento de las sensaciones percibidas.

 

El arte es la verdad cuando el impacto de la obra arrastra un planteamiento, un encuadre, una perspectiva, en suma: un “como lo vemos” en el que Nuria nos sumerge y acerca a un mundo que sentimos como “más verdad”. Cuando los ojos misteriosos de un niño, una flor de color inverosímil, el aletear de una falda, o una joven piel morena, nos hace sentir muy dentro sensaciones de un mundo olvidado, que por obra del arte se hace presente. Nos emociona su capacidad de aunar una poética con desgarro interior, junto con la afirmación de una ética del trabajo, de una vida en que se integra lo bello con el anuncio de la tragedia humana. Es la verdad de Nuria.

 

Es un desafío atrevido intentar adivinar cuales son sus próximas etapas vitales. Toda la vida es evolución, y en Nuria se adivina, a pesar de su juventud un potencial dinámico de crecimiento y nuevos desarrollos que sin duda debemos tener en cuenta en la configuración de esta artista de cuerpo entero y mente abierta. ¡Te seguiremos!

 

 

Enrique Cabellos.

Un recorrido por los mundos intimistas de NURIA FORMENTI

LA NUEVA ESPAÑA GIJON
Crítica de arte

Mujeres peligrosas

Un recorrido por los mundos intimistas de Nuria Formentí

Mujeres peligrosas

Mujeres peligrosas

JOSÉ A. SAMANIEGO Nuria Fomentí (Gijón, 1971) viene recorriendo mucho mundo desde muy pequeña. Ha pasado a lo largo de su vida temporadas en Miami, Inglaterra, Canarias, Suiza y Colombia. Fue en Cartagena de Indias donde se reconoció como pintora, empujada por la paleta y los ánimos que le dio el pintor Alejandro Obregón. Aquí hemos podido conocer alguno de sus trabajos en la Fundación Alvargonzález (1999) y la colectiva de jóvenes promesas de la galería Van Dyck de los años 2008 y 2010.

Esta de Cajastur ha permanecido desde diciembre en Mieres, Avilés y Gijón, para cerrar durante el mes de abril en FADE de Oviedo. Estamos ante una pequeña antología de su pintura. Los cuadros expuestos pertenecen a tres series. «Mundo Caribe», «Crónica de una obra anunciada» y «¿Las mujeres que leen son peligrosas? o están en peligro?».

«Mundo Caribe» recoge la tradición popular y fuertemente coloreada de los grandes muralistas mexicanos. Pero va más bien por el camino intimista de Frida Kahlo (Coyoacán, 1907-1954), elevando un canto festivo a la mujer en la vida cotidiana. Ha dejado atrás tanto el viejo empuje anticolonial como la melancolía sufriente de Oswaldo Guayasamín (Quito, 1919 – Baltimore, 1999). Le ha tocado vivir en su temprana juventud el reconocimiento del arte pop y siente afinidades con el pintor colombiano Enrique Grau (Panamá, 1920 – Bogotá, 2004) y el asturiano Eduardo Úrculo (Santurce, 1938 – Madrid, 2003). Las fechas de la muerte de estos pintores nos dicen cómo Nuria Formentí ha recibido una herencia, ha tomado cierto relevo. De modo que «Mundo Caribe» pinta mujeres de piel oscura, negras y mestizas, en el mercado o en labores de la casa, vestidas con amplios y coloristas ropajes, rodeadas de frutas, cacharros y enseres de colores vivos.

«Crónica de una obra anunciada» se inspira en el relato de Gabriel García Márquez (1981), escrita más de una década después de «Cien años de soledad» (1967). En el catálogo de Cajastur hay una carta de reconocimiento de su hermano Jaime García Márquez. La serie de Nuria Formentí se expuso en el Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias (2009). El visitante ilustrado puede identificar a qué momentos del relato de García Márquez hacen referencia las cuatro obras de esta serie («La carta», «La duda», «La espera» y «La despedida»).

Luego van las siete mujeres peligrosas, siempre junto a libros, en formato impreso tradicional o en nuevas ediciones informáticas. La composición de estas obras es muy sencilla, con aire a cómic de Roy Lichtenstein (Nueva York, 1923-1997), aunque huye de los primeros planos, salvo en el autorretrato. También se distingue Nuria Formentí del pop clásico en ciertas referencias y homenajes a autores históricos, como Vermeer de Delft, que en su día pintaron a mujeres de la alta burguesía holandesa. Cultiva un suave claroscuro, aplica volumen a sus figuras, huye del color plano.

La serie toma título de los libros de Stefan Bollmann («Las mujeres que leen son peligrosas» y «Las mujeres que escriben también son peligrosas», Maeva, 2006), que están en el escaparate de la tienda del Museo Thyssen-Bornemisza, donde ahora mismo se expone «Heroínas», en sus capítulos de «Solas, Cariátides, Ménades, Atletas, Acorazadas y Amazonas». Los siguientes capítulos («Magas, Mártires, Místicas, Lectoras y Pintoras»), se expondrán en la Fundación Caja Madrid. Un cuadro de Nuria Formentí une la exposición de Cajastur con «Heroínas», la mujer que lee de pie y de frente, vestida de azul con grandes margaritas estampadas, que se inspira en la lectora de Gustav Adolf Henning. En la historia de la pintura hay cientos de cuadros de mujeres leyendo, de modo que el comisario de «Heroínas», Guillermo Solana, conservador jefe del Thyssen, ha realizado un loable trabajo sin quedarse calvo. (Ver en internet el blog «La lectura en la pintura», servido por «Marta mira alrededor», 2010. Y otros). Casi siempre la Virgen de las Anunciaciones está rezando sobre su libro: una mujer ante su destino. Pero mi más modesto ideal de lector es el Doncel de Sigüenza: «el codo apoya, quiebra la cintura y se sumerge en la eternidad de su lectura». (Lo leí en un soneto a sus pies).

La lectura es símbolo del puente cultural y formativo que están pasando y han de pasar las mujeres para ocupar puestos de prestigio y poder en las sociedades occidentales. Que ellas nacen hoy como subidas en un cohete y se empeñan con fuerza en alcanzar sus objetivos es algo que todo el mundo conoce y aprueba. Otra cosa es que esto suceda en todo el orbe terráqueo. Son pocos quienes saben lo difícil que es cambiar el mundo.

CARTA DE JAIME GARCÍA MÁRQUEZ (Hermano de Gabriel García Márquez)

“Desde Cartagena me complace ver que la estela de la obra de mi hermano se mantiene viva, hecho que agradezco a esa institución de la insigne ciudad de Oviedo sede de los acreditados Premios Prícipe de Asturias.

He tenido la satisfación de ver y comentar con la pintora Nuria Formentí su Exposición en el Museo de Arte Moderno de Cartagena que bajo el título ‘Crónica de una Obra Anunciada’ presentó en Septiembre de 2009, donde sus cuadros se representan escenas de la obra literaria ‘Crónica de una Muerte Anunciada’. Allí en el museo nos recreamos comentando las circunstancias de cada escena en referencia a la película, a la obra literaria y a la realidad con lo que le dábamos más  dimensiones a esta obra, que de no haber sido por Gabo hubiera sido una simple noticia de prensa.

Esta obra tiene para mí  recuerdos especiales, me remonta a una infancia ya lejana  cuando aparezco fugazmente en las páginas del libro de Gabito. Nuria me pone, de manera decorosa y reflexiva frente a la realidad que aun llena la historia de nuestro doloroso país: la violencia.  Los hechos en sí, en un Enero del 51, como los recuerdo, no trascienden más  allá de la imagen de un hombre tendido y ensangrentado y un médico que dice, retirando el fonendoscopio del cadáver: “ya está muerto”.  Y también la experiencia de la imagen del dolor ajeno.  Eso resume esa pequeña realidad de un pueblo del caribe, que trasciende a nosotros a través de dos formas exquisitas del arte: la literatura y la pintura. Después de la publicación de la novela hubo protagonismos de algunos actores y disentimientos sobre las pequeñas particularidades que construyeron  esa escena dramática.

Mi mamá Luisa Santiaga, con pudor de madre, le recordó a Gabo que la novela iba levantar las costras amargas de aquel día y sus circunstancias  y que el dolor de los protagonistas estaba primero. Pero pudo más el oficio periodístico de Gabo. Si hay algo explícito en la obra de mi hermano es la clarividencia, que se asoma también en la obra de Nuria en el cuadro de la espera de los hombres que departen. En ellos hay decisión y afuera, bajo esa luz de azul y plata, está la muerte. Es la violencia latente: los hermanos al amanecer, sentados, oteando la muerte, es revelador,  la tensión de los cuerpos, la atmosfera, la expectación y de alguna forma la impiedad son evidentes. La tragedia ya está cerca, resume el espíritu de esa historia: la amalgama de vicisitudes y desaciertos que generan en el hombre los vericuetos del amor -correspondido o no-, el honor y la traición.  Es tan revelador, para mí,  como el Guernica y el cuadro La violencia, de nuestro querido colombo- español Alejandro Obregón. Esta es una forma decente y esplendorosa de representar y reflexionar nuestras más deleznables conductas. La obra de Nuria, acaballada sobre otra obra magnífica, nos remite hasta ese instante fatal, y nos presenta la violencia y el dolor que ella produce como un tema de reflexión.

Es la actitud del arte ante la vida.

Desde aquí envío un abrazo a Nuria y a su papá César en mi nombre y de todos sus amigos. Y a Natalia Amor, por supuesto.

Gracias a Agora XXI, en nombre de Gabriel, en el mío y les deseo muchos éxitos y felicidad”

Jaime García Márquez

Pinturas para leer – Ángel Antonio Rodríguez

Con más o menos intensidad, el retórico y aburrido discurso sobre la muerte de la pintura nos viene acechando desde principios del siglo XX y, pese al empeño de las modas y las alienaciones tecnológicas, la cosa sigue funcionando. Y lo hace con reformulaciones, hibridaciones, relecturas, búsquedas eclécticas y nuevos entusiasmos. Hoy el problema de los pintores no es la confrontación con los nuevos medios sino la crisis de los significados; no parece, pues, que las revoluciones artísticas de antaño vayan a repetirse ahora. Lo saben bien los artistas que fracasan, o quienes subsisten mediante procedimientos miméticos, sólo digeribles por un público anclado en lo extremadamente tradicional o lo marcadamente actual. ¿Es posible, pues, realizar una creación pura en nuestros días? Rubert de Ventós dice que la independencia del arte exige una sumisión a la «necesidad interior, no tanto del artista como de la obra misma». En sus ensayos, el filósofo señala que «a las obras de arte nunca hacemos más que aproximarnos». Y debemos hacerlo de la mano de artistas que escapen de arquetipos, cuyas obras sean capaces de emocionarnos y traducir esa necesidad interior.

Creo que Nuria Formentí está en ese camino. Su vía contemplativa, sus experimentaciones diarias y su poética personal laten bajo el influjo de sus propias vivencias con una bandera narrativa que le permite contar historias y hacerlo, además, bajo honestos planteamientos plásticos. Autodidacta, sabe que un artista debe aprender sobre su próxima obra estudiando la última que ha realizado, mejorando a ritmo de trabajo. Y sabe que el pintor debe mejorar con hechos, no con mítines. Por eso interioriza sus viejas y nuevas motivaciones, pretextos temáticos, ampliando los viajes y el conocimiento del entorno.

La escritora Joan Didion dijo que lo peor de las primeras frases de un texto es que te obligan a permanecer fiel a ellas hasta el final y que, por tanto, cuando has escrito dos frases, tu libertad se esfuma. Desde el nacimiento de la escritura, allende la historia, el ver ha primado sobre el oír a la hora de transmitir conocimientos, y eso genera dos visiones casi antagónicas sobre el aprendizaje, esto es, la visión de la imagen y la visión del texto. Fijar los pensamientos en imágenes, o fijarlos en palabras, plantea dos posturas que suelen estar en pugna. Aquí no hay jerarquías. Significante y significado, aunque imiten la realidad, o incluso la analicen, o la transformen, tienen autonomía para crear otras realidades y hacer que ese enfrentamiento entre palabra escrita e imagen llegue a diluirse. Por ejemplo, cuando alguien genera pinturas para leer como ocurre, a mi juicio, con Nuria Formentí.

Pinturas en distintos formatos, aparentemente sencillas, donde esta joven asturiana patenta su impronta estética entre la metafísica, los compases tropicales, los esquemas hopperianos y el realismo mágico. Narratividad y pasión, amor y muerte, violencia, honor o fatalidad, elementos descriptivos de la crónica de una muerte anunciada que habitan la obra de Gabriel García Márquez y una de las dos series que aquí presenta Nuria Formentí, inspirada en la historia más famosa del Premio Nobel de Literatura. La idea surgió durante el rodaje en Cartagena y Mompox de una película de Francesco Rossi sobre la novela. Nuestra pintora tuvo ocasión de compartir algunas jornadas de aquella aventura cinematográfica.

Esa serie se expuso en el Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias hace unos meses. La otra es inédita, y habla del Caribe con dos perspectivas diferentes. Una, la que se expresa bajo la dominante del color, homenaje a los placeres y ropajes que actúan como elemento exultante para tapar ciertos miedos interiores, frutas que sirven de arquetipo para transmutar la vitalidad en cercanía. Hay una última serie, más breve y reciente, con rostros de niños solitarios, monocromos, clara alusión a los terremotos haitianos y otras tragedias emboscadas en mil formas posibles, acecho permanente de aquellas tierras, lejos de cualquier sentido lúdico. Un drama de que se escenifica dentro del lienzo pero necesita que nosotros colaboremos en su interpretación final. En todos los cuadros late, como constante, una cierta congoja, acento agónico, tristeza revivida que envuelve cada escena. Pero también un canto a la naturaleza, la belleza y el ser humano, cunas para mantener pura esa fragilidad de las cosas y crear imágenes reivindicativas.
Los relatos de Nuria Formentí también analizan otros instantes íntimos, reclamando el paisaje desnudo, explorando la vida o plasmando esa licencia poética de su imaginario personal. Por eso, en sus cuadros, hay una obsesiva tendencia a pintar primeros planos, apostando por dibujos tenaces, texturas trabajadas, sutiles empastes y un agudo interés por el lado oculto de las cosas, esa esencialidad invisible a los ojos que reclamaba “El Principito” desde su pequeño planeta. Decía Espinoza, en este sentido, que toda idea del mar puede hallarse en una sola gota de agua. Es cierto. Una simple botella puede ser tremendamente bella en manos del genial Morandi. Y ciertas alegorías, como las de Nuria Formentí, desvelan lo que hay de cierto o falso en cualquier certeza, incluyendo errores, temores o guiños a la felicidad instantánea. Tributo a las pequeñas cosas de esta pintora cuyo lirismo, transformado en un yo vivencial, elimina toda posibilidad de mímesis.

En esos planos fragmentados de Nuria Formentí se advierten también sus inquietudes nacientes, que se alejan del caduco debate entre la figuración y la abstracción. Son algunas series muy hondas, con fragmentos de flores donde ya no hay protagonistas. La pintura exhibe su espiritualidad desde el despojamiento extremo, en plenitud. No se si ella lo hace de manera consciente o inconsciente, ni me importa; pero ahí tenemos otros horizontes para seguir pintando. Al fin y al cabo, el ser es anterior al conocimiento, y la pintura digna siempre está al lado del ser. No hacen falta miradas, ni vestidos, ni barcas, ni mares, ni espectáculos. Sólo pintura, luz y sinceridad. Y eso, aquí y ahora, no es poca cosa.